Mostrando entradas con la etiqueta ecolalia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ecolalia. Mostrar todas las entradas
domingo, 4 de marzo de 2018
No existe la lengua materna: el difícil reto de enseñar a hablar a un niño TEL (I)
Soy algo anárquica a la hora de exponer mis emociones ( y también en otros sentidos que no vienen ahora a cuento), y es que esta mujer que escribe aquí no es maestra, psicopedagoga, orientadora o psiquiatra o médico señores, aquí escribe una madre al borde, en ocasiones, de un ataque de nervios y que a veces está al límite de fuerzas, y otras que se levanta "la reina mora de España" y se cree que va a ser una Madame Curie o una María Moliner mágica.
Y soy yo la supermamá que va a idear el método que lo va a revolucionar todo (apago la luz, entorno los ojos y me lanzo a la fantasía de verme con un traje de gala ante otras madres y padres felices aplaudiendo con mi hijo al lado, él ya mayor de edad, hablando con un discurso precioso y explicando que su madre era como Nancy, la mamá de Alva Edison que tuvo fe en él y que descubrió la piedra filosofal del TEL etc y yo asintiendo y llorando al lado y gritando juntos: lo conseguimos, no era tan difícil. Hollywood quiere hacer hasta una película de ello), luego abro los ojos y el día a día me va bajando los humos a los más profundos posos de la humildad que tanto he debido merecer por no sé qué Karma que me creía yo la superwoman del mundo mundial. Seguro que es por eso. Entonces siento vergüenza ajena por sólo permitirme el lujo de imaginar.
CAMINANDO POR LAS VÍAS DE UN TREN DE UN DESTINO INCIERTO
Para empezar los niños TEL no tienen lengua materna. No la adquieren como tú o como yo. El Neurólogo Dr. Nieto Barrera afirmó, según me contó una maravillosa mamá TEL, que es un trastorno congénito/genético y que el área de Wernicke y el área de Broca, ambas implicadas y bases del lenguaje en el cerebro, deben de estar conectadas para que se de una adquisición natural del lenguaje y en el caso de los TEL estas áreas no están conectadas por un tema precisamente congénito-embarazo. Duro. Muy duro. Empieza una a pensar en malos embarazos, en malos genes o en malos golpes de bebé. Pero que hay esperanzas: se pueden crear rutas alternativas con la estimulación, y una de las estimulaciones es a través AMOR, pero de ello hablaremos más adelante.
Por tanto, un niño TEL no adquiere la lengua materna (por eso no sirvió para nada encerrarme con él siendo un bebé con dos años y hablarle despacio, dedicarle mis 24 horas, hacerle flashcards horas y horas y por eso no respondía a mis estímulos), el niño TEL adquiere la lengua de otro modo que me ha costado asimilar: APRENDE A TRAVÉS DE LOS OJOS, de lo visual y sensorial. Jugando, incluso en movimiento.
Mi hijo primero aprende la imagen a través de los ojos y los sentidos y a partir de ahí hay que ir enseñando su nomenclatura en el idioma a través de estrategias como son la asociación, y jugando, jugando mucho, cantando y contando cuentos para ir añadiendo las acciones verbales e ir construyendo frases. Benditas profesionales en las que he depositado mi confianza pues yo observo cómo trabajan precisamente así. Y dado que la musicalidad la tienen muy avanzada, también por la música (pero ojo, que no la aprendan como si fuera algo de memorieta y eso se da cuenta una madre cuando el niño repite y hace ecolalias que no tienen sentido).
Ejemplo que me ocurrió hace 2 días:
Marco llora, Sofía le quitó el pirata.
Marco se dirige a Sofía: -Dame, dame pirata, mío, mío. Míooooo
Mamá mira a Marco a la cara y le habla muy despacio: ¿el pirata de quién es? ¿De Sofía o de Marco?
Marco llora sin parar y me responde: ¿El pirata de quién es de Sofía o de Marco?
(No ha entendido nada de lo que le he dicho, me ha hecho una ecolalia).
Los padres TEL contamos siempre que nuestros hijos se sienten igual que si nos dejan en mitad de un barrio de China y tenemos que entender o interactuar con la gente. Ésa, junto lo de Bienvenidos a Holanda es lo primero que te cuentan.
La muy mala noticia es que no adquieren lengua materna, así que es como si me meten en clase de chino del ejemplo que ponen siempre, con la diferencia de que, al menos yo, parto de mis estructuras neurolingüísticas para aprender un nuevo idioma (he estudiado 3). La buena noticia es que una vez que los niños TEL aprenden ese NUEVO PRIMER IDIOMA y a identificarlo todas esas imágenes con palabras puede irles muy bien a la hora de aprender un segundo idioma, porque en realidad lo que han hecho es APRENDER el primero como aprendería un no nativo, es decir, cuando no es su lengua madre. Me fue fácil aprender inglés (bueno, casi no cuenta porque lo aprendí con una profesora en casa a los 4 años), así que en realidad para mí mi primer idioma en aprendizaje de estudiar fue el francés y luego reconozco que con el alemán no me costó tanto y siempre era de las mejores en clase. A medida que vas aprendiendo idiomas, vas adquiriendo facilidad para los siguientes.
Esto es lo que nos han dicho los expertos. Luego cada caso es un mundo. No quiero correr tanto, con que hable correctamente el castellano me sobra y me doy con un canto en los dientes.
Próxima estación: ESPERANZA como diría Manu Chao.
miércoles, 26 de julio de 2017
Holanda en los Alpes...Esto no me está pasando a mí....(FASE A)
(FASE A: LA NEGACIÓN)
No, no podía ser Autismo. No conocía bien los síntomas pero como madre algo me decía que no, él me miraba, reaccionaba a todos los estímulos, señalaba lo que quería, jugaba simbólicamente, hacía puzzles de 8 años perfectos, no aleteaba, aunque sí daba vueltas en la habitación, era excesivamente inquieto, cogía rabietas frustrantes y ciertamente no hablaba. ¿Sería eso Autismo?
Con el inmenso respeto que me inspiraba dicha condición neurológica (gracias a personas amigas allegadas cuyos hijos evolucionaban estupendamente) me dispuse a buscar varios pediatras más para que contrastaran el diagnóstico.
El tema era que mi hijo estaba a punto de cumplir 3 años y todas aquellas montañas nevadas se me cayeron encima. Acababa de perder un embarazo y aún no me había recuperado del palo que supuso ello para mí, estaba trabajando en otro idioma, desenvolviéndome en otro país, cogiendo trenes a la capital a diario desde un pueblecito bucólico pero algo aislado, preparándome unas oposiciones para España... Y además no estaba en forma física, los kilos de más cogidos en aquel embarazo al que no ayudaba mi lento metabolismo (hipotiroidismo) influían en mi bajo estado anímico...
MI CULPA
Además, es cierto que no lo había hecho perfecto en mi embarazo, sí, me tomé alguna copa de vino antes de saber que estaba embarazada. Tampoco tuve a Marco muy joven, con 38 años, ¿Sería ése el motivo? ¿había fallado yo como madre? Una vez jugando con él se me cayó al suelo, ¿le pude hacer daño? Las noches se volvieron blancas como la nieve que me rodeaba y yo no hacía mas que darle vueltas a la cabeza, ni siquiera las lágrimas me consolaban.
REFLEXIONES AL FRÍO DE LA NIEVE
En las madrugadas blancas, a veces, bajaba de noche al portal de mi casa y sentía los copos caer sobre mi cara.
Mi hija Sofía tardó en hablar por el bilingüismo (alemán-español) y seguramente era eso lo que le ocurría a Marco. Todos se habían confundido.
Me rebelé, lo llevé a varios especialistas que ciertamente me dijeron que era extraño que aún no hiciera frases pero sí descartaron el Autismo. Di a Marco de baja de la guardería porque pensé que quizás pudiera ser que lo aislaran y no supieran motivarle. Iba a demostrar al mundo que su mamá, doña superwoman en un mes intenso con él, iba a arrancarle todas las palabras del mundo. Compré en Amazon tarjetas de pictogramas (en español lógicamente) y me dispuse a trabajar a diario varias horas con él.
Por supuesto, las oposiciones las dejé un poco de lado, además con el niño en casa era imposible estudiar. Mi hijo es lo primero.
Conseguí avances con mi hijo, la identificación de dibujos con sonidos de los animales y le enseñé el Dame...Dame la vaca, dame el perro, el gato, etc...uno, dos y tres! preparados, listos y ya! lo hacía genial, yo estaba feliz, él también, pero por supuesto no reproducía el DAME ni los nombres: sólo el sonido de los animales (onomatopeyas). Así que efectivamente el avance era muy lento: por ejemplo, en las órdenes de casa, me repetía lo que decía a la perfección pero me daba cuenta de que no las entendía (ecolalia) sencillamente porque me miraba, reía, pero no hacía lo que le pedía por más gestos que yo le hacía.
Al día siguiente me daba cuenta de que avanzaba muy lentamente.
Sí, dos conclusiones: primera que algo le pasaba a mi hijo. Segundo que yo no era una Superwoman, yo no era infalible a pesar de que gran parte de las cosas que me proponía hacer en la vida las había logrado. Fue una tremenda cura de humildad. Algo se escapaba de mi control a pesar de poner todas mis energías. No era Autismo ¿entonces?...Fue cuando en internet empecé a leer lo que era DISFASIA o Trastorno del Lenguaje, pero para nada pensé que sería su caso.
¡Era imposible!, su cerebro estaba perfecto, era un niño listo, despierto, físicamente lo entrené cada día en la nieve, en el parque para que fuera ágil y lo conseguí, le regaló su abuela desde España una bicicleta y me lo llevaba por caminos de bosques donde cogió confianza y velocidad, paseábamos los dos, él en su bicicleta a toda velocidad ante la Kinderkrippe para que vieran que mi hijo era bueno en lo que se propusiera, era extraordinario en música, el mejor resolviendo puzzles.
Doblé su ropita y me di cuenta de que en un año apenas había crecido. Mi inquietud se acrecentaba por días.
A mi hijo no, a mi hijo no le puede estar pasando nada raro. NO Y NO. Papá y mamá son políglotas, somos de letras, nos encantan los idiomas, nos comunicamos en casa en varias lenguas... A MI HIJO NO.
No, no podía ser Autismo. No conocía bien los síntomas pero como madre algo me decía que no, él me miraba, reaccionaba a todos los estímulos, señalaba lo que quería, jugaba simbólicamente, hacía puzzles de 8 años perfectos, no aleteaba, aunque sí daba vueltas en la habitación, era excesivamente inquieto, cogía rabietas frustrantes y ciertamente no hablaba. ¿Sería eso Autismo?
Con el inmenso respeto que me inspiraba dicha condición neurológica (gracias a personas amigas allegadas cuyos hijos evolucionaban estupendamente) me dispuse a buscar varios pediatras más para que contrastaran el diagnóstico.
El tema era que mi hijo estaba a punto de cumplir 3 años y todas aquellas montañas nevadas se me cayeron encima. Acababa de perder un embarazo y aún no me había recuperado del palo que supuso ello para mí, estaba trabajando en otro idioma, desenvolviéndome en otro país, cogiendo trenes a la capital a diario desde un pueblecito bucólico pero algo aislado, preparándome unas oposiciones para España... Y además no estaba en forma física, los kilos de más cogidos en aquel embarazo al que no ayudaba mi lento metabolismo (hipotiroidismo) influían en mi bajo estado anímico...
MI CULPA
Además, es cierto que no lo había hecho perfecto en mi embarazo, sí, me tomé alguna copa de vino antes de saber que estaba embarazada. Tampoco tuve a Marco muy joven, con 38 años, ¿Sería ése el motivo? ¿había fallado yo como madre? Una vez jugando con él se me cayó al suelo, ¿le pude hacer daño? Las noches se volvieron blancas como la nieve que me rodeaba y yo no hacía mas que darle vueltas a la cabeza, ni siquiera las lágrimas me consolaban.
REFLEXIONES AL FRÍO DE LA NIEVE
En las madrugadas blancas, a veces, bajaba de noche al portal de mi casa y sentía los copos caer sobre mi cara.
Mi hija Sofía tardó en hablar por el bilingüismo (alemán-español) y seguramente era eso lo que le ocurría a Marco. Todos se habían confundido.
Me rebelé, lo llevé a varios especialistas que ciertamente me dijeron que era extraño que aún no hiciera frases pero sí descartaron el Autismo. Di a Marco de baja de la guardería porque pensé que quizás pudiera ser que lo aislaran y no supieran motivarle. Iba a demostrar al mundo que su mamá, doña superwoman en un mes intenso con él, iba a arrancarle todas las palabras del mundo. Compré en Amazon tarjetas de pictogramas (en español lógicamente) y me dispuse a trabajar a diario varias horas con él.
Por supuesto, las oposiciones las dejé un poco de lado, además con el niño en casa era imposible estudiar. Mi hijo es lo primero.
Conseguí avances con mi hijo, la identificación de dibujos con sonidos de los animales y le enseñé el Dame...Dame la vaca, dame el perro, el gato, etc...uno, dos y tres! preparados, listos y ya! lo hacía genial, yo estaba feliz, él también, pero por supuesto no reproducía el DAME ni los nombres: sólo el sonido de los animales (onomatopeyas). Así que efectivamente el avance era muy lento: por ejemplo, en las órdenes de casa, me repetía lo que decía a la perfección pero me daba cuenta de que no las entendía (ecolalia) sencillamente porque me miraba, reía, pero no hacía lo que le pedía por más gestos que yo le hacía.
Al día siguiente me daba cuenta de que avanzaba muy lentamente.
Sí, dos conclusiones: primera que algo le pasaba a mi hijo. Segundo que yo no era una Superwoman, yo no era infalible a pesar de que gran parte de las cosas que me proponía hacer en la vida las había logrado. Fue una tremenda cura de humildad. Algo se escapaba de mi control a pesar de poner todas mis energías. No era Autismo ¿entonces?...Fue cuando en internet empecé a leer lo que era DISFASIA o Trastorno del Lenguaje, pero para nada pensé que sería su caso.
¡Era imposible!, su cerebro estaba perfecto, era un niño listo, despierto, físicamente lo entrené cada día en la nieve, en el parque para que fuera ágil y lo conseguí, le regaló su abuela desde España una bicicleta y me lo llevaba por caminos de bosques donde cogió confianza y velocidad, paseábamos los dos, él en su bicicleta a toda velocidad ante la Kinderkrippe para que vieran que mi hijo era bueno en lo que se propusiera, era extraordinario en música, el mejor resolviendo puzzles.
Doblé su ropita y me di cuenta de que en un año apenas había crecido. Mi inquietud se acrecentaba por días.
A mi hijo no, a mi hijo no le puede estar pasando nada raro. NO Y NO. Papá y mamá son políglotas, somos de letras, nos encantan los idiomas, nos comunicamos en casa en varias lenguas... A MI HIJO NO.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
