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miércoles, 11 de octubre de 2017

¿Por qué me ha tenido que pasar a mí? (FASE B: rabia)

He tardado un tiempo en escribir. Siempre los comienzos de curso son complicados, y más cuando tienes a dos hijos, uno de ellos TEL de 4 años y otra hija de 9 en otro colegio. Preparación de curso, yo con las oposiciones, el papá con cambio de destino, organización de casas, ropas, armarios, cuarto de juegos, limpiezas generales, viajes programados y un largo etcétera.

PARADOJA: mi hija está en un colegio maravilloso trilingüe y mi hijo está en otro maravilloso para que se limiten al castellano, para que afiancen su habla. Y sí, ok, en otra entrada hablaré de colegios públicos y privados, pero hoy el tema no era ése.

Por cierto, he cambiado este año de Instituto y la providencia ha venido a verme. Ya no estoy donde Cristo perdió el mechero y el general Riego dio un discurso maravilloso allá por tiempos inmemoriables. Echo de menos a mis alumnos y compañeros pero ahora estoy en Sevilla capital, más cerca de casa, mejor horario y lo agradezco.

VOLVIENDO AL ASUNTO del TRASTORNO ESPECÍFICO DEL LENGUAJE.
En mis otras entradas hablaba de la FASE A, de la negación, aquello ocurrió en Alemania, en aquel lugar bucólico de los Alpes.

Hoy hablaré de la FASE B, la rabia. Esto ocurrió justo al mudarme a España.

Voy al parque, voy por la calle, voy a las tiendas y no puedo evitar las comparaciones, veo a niños de la edad de Marco y me muero de la impotencia. Él apenas emite sonidos, apenas sabe decir mamá y los otros niños charlan, interactúan con sus madres. Miro a las madres, y me comparo con ellas. ¿Por qué me tuvo que pasar a mí? ¿mal embarazo? me cuidé, es verdad que tuve alguna que otra discusión de pareja ¿influye? También cuando me quedé embarazada estaba muy delgada ¿me faltaron nutrientes? algo hice mal. Pero luego observo que muchas madres han fumado, han bebido, no se han cuidado y los niños hablan sin problemas. Las mamás/abuelas de la clase de mi hijo son mujeres maravillosas, intuitivas, geniales, personalmente las adoro sin excepción (he sido afortunada), pero también veo a alguna madre cuando voy al parque (alguna choni de no tener ni dos dedos de frente) y los niños parecen viejos hablando. Así que empiezo a pensar que aparentemente la madre tiene poco que ver con este Trastorno (a nivel interno genético ya ni idea, al parecer no lo saben ni los científicos y lo poco que se ha averiguado incluso indica la línea paterna).

Yo que he sido buena estudiante, buena hija, buena trabajadora, buena emprendedora, buena ama de casa (salvo cocinar, lo reconozco), ¿buena madre?  ¿merecía este karma? Y yo que hice el sacrificio de mudarme a otro país precisamente para que mi hijo tuviera la base de dos idiomas, ¿me pasé de lista y al final SE BLOQUEÓ?.

La fase de rabia despareció el día que alguien me dijo, ¿y tú qué sabes las vueltas que da la vida? ¿Y tú qué sabes si al niño que sale sano le pasa algo con 18 años y tu hijo sigue vivo? ¿qué sabes al final de los días de nuestra vida quién tuvo buena suerte?

miércoles, 26 de julio de 2017

Holanda en los Alpes...Esto no me está pasando a mí....(FASE A)

(FASE A: LA NEGACIÓN)

No, no podía ser Autismo. No conocía bien los síntomas pero como madre algo me decía que no, él me miraba, reaccionaba a todos los estímulos, señalaba lo que quería, jugaba simbólicamente, hacía puzzles de 8 años perfectos, no aleteaba, aunque sí daba vueltas en la habitación, era excesivamente inquieto, cogía rabietas frustrantes y ciertamente no hablaba. ¿Sería eso Autismo?
Con el inmenso respeto que me inspiraba dicha condición neurológica (gracias a personas amigas allegadas cuyos hijos evolucionaban estupendamente) me dispuse a buscar varios pediatras más para que contrastaran el diagnóstico.

El tema era que mi hijo estaba a punto de cumplir 3 años y todas aquellas montañas nevadas se me cayeron encima. Acababa de perder un embarazo y aún no me había recuperado del palo que supuso ello para mí, estaba trabajando en otro idioma, desenvolviéndome en otro país, cogiendo trenes a la capital a diario desde un pueblecito bucólico pero algo aislado, preparándome unas oposiciones para España... Y además no estaba en forma física, los kilos de más cogidos en aquel embarazo al que no ayudaba mi lento metabolismo (hipotiroidismo) influían en mi bajo estado anímico...

MI CULPA

Además, es cierto que no lo había hecho perfecto en mi embarazo, sí, me tomé alguna copa de vino antes de saber que estaba embarazada. Tampoco tuve a Marco muy joven, con 38 años, ¿Sería ése el motivo? ¿había fallado yo como madre? Una vez jugando con él se me cayó al suelo, ¿le pude hacer daño? Las noches se volvieron blancas como la nieve que me rodeaba y yo no hacía mas que darle vueltas a la cabeza, ni siquiera las lágrimas me consolaban.

REFLEXIONES AL FRÍO DE LA NIEVE
En las madrugadas blancas, a veces, bajaba de noche al portal de mi casa y sentía los copos caer sobre mi cara.
Mi hija Sofía tardó en hablar por el bilingüismo (alemán-español) y seguramente era eso lo que le ocurría a Marco. Todos se habían confundido.
Me rebelé, lo llevé a varios especialistas que ciertamente me dijeron que era extraño que aún no hiciera frases pero sí descartaron el Autismo. Di a Marco de baja de la guardería porque pensé que quizás pudiera ser que lo aislaran y no supieran motivarle. Iba a demostrar al mundo que su mamá, doña superwoman en un mes intenso con él, iba a arrancarle todas las palabras del mundo. Compré en Amazon tarjetas de pictogramas (en español lógicamente) y me dispuse a trabajar a diario varias horas con él.
Por supuesto, las oposiciones las dejé un poco de lado, además con el niño en casa era imposible estudiar. Mi hijo es lo primero.

Conseguí avances con mi hijo, la identificación de dibujos con sonidos de los animales y le enseñé el Dame...Dame la vaca, dame el perro, el gato, etc...uno, dos y tres! preparados, listos y ya! lo hacía genial, yo estaba feliz, él también,  pero por supuesto no reproducía el DAME ni los nombres: sólo el sonido de los animales (onomatopeyas). Así que efectivamente el avance era muy lento: por ejemplo, en las órdenes de casa, me repetía lo que decía a la perfección pero me daba cuenta de que no las entendía (ecolalia) sencillamente porque me miraba, reía, pero no hacía lo que le pedía por más gestos que yo le hacía.

Al día siguiente me daba cuenta de que avanzaba muy lentamente.

Sí, dos conclusiones:  primera que algo le pasaba a mi hijo. Segundo que yo no era una Superwoman, yo no era infalible a pesar de que gran parte de las cosas que me proponía hacer en la vida las había logrado. Fue una tremenda cura de humildad. Algo se escapaba de mi control a pesar de poner todas mis energías.  No era Autismo ¿entonces?...Fue cuando en internet empecé a leer lo que era DISFASIA o Trastorno del Lenguaje, pero para nada pensé que sería su caso.
¡Era imposible!, su cerebro estaba perfecto, era un niño listo, despierto, físicamente lo entrené cada día en la nieve, en el parque para que fuera ágil y lo conseguí, le regaló su abuela desde España una bicicleta y me lo llevaba por caminos de bosques donde cogió confianza y velocidad, paseábamos los dos, él en su bicicleta a toda velocidad ante la Kinderkrippe para que vieran que mi hijo era bueno en lo que se propusiera, era extraordinario en música, el mejor resolviendo puzzles.








Doblé su ropita y me di cuenta de que en un año apenas había crecido. Mi inquietud se acrecentaba por días.

A mi hijo no, a mi hijo no le puede estar pasando nada raro.  NO Y NO. Papá y mamá son políglotas, somos de letras, nos encantan los idiomas, nos comunicamos en casa en varias lenguas... A MI HIJO NO.